El arte de engañar: Armas de manipulación masiva

 La guerra siempre fue un negocio; después se convirtió en espectáculo. A finales del siglo XIX y en el siglo XX, hasta hoy al mundo lo han convertido en un escenario, es un teatro de operaciones, donde la guerra es un producto mediático, un espectáculo cuidadosamente coreografiado para manipular las emociones y mantener nuestra atención desviada de los asuntos importantes.

Ciudadano Kane, realizada por el genial Orson Welles a sus apenas 24 años, habla sobre este espectáculo mediático y quiénes manejan los hilos de esta función. Filmada en Nueva York en 1941, es hoy catalogada como la mejor película de la historia. Welles caracteriza a Charles Foster Kane, multimillonario personaje dueño de medios de comunicación, quién consigue siempre sus fines utilizando su enorme poder mediático y prestigio social.

La realidad supera la ficción, y como en el film, quienes dirigen el show mediático son también los dueños de las grandes corporaciones, y las personas que están en la industria de los medios, como Kane, tienen un poder e influencia enormes, que la sociedad subestima. Williams R. Hearst es la persona que Welles parodia con su personaje. Hearst fue un empesario astuto, un magnate de los medios de comunicación de principios del siglo XX que tuvo bajo su poder hasta 28 periódicos de circulación nacional en Estados Unidos, además de poseer emisoras de radio, editoriales y revistas. Fue siempre el ejemplo perfecto de concentración de medios en pocas manos. Hearst también fue conocido por su poca ética al utilizar la información como instrumento político: tenía la costumbre de generar escándalos mediáticos para beneficiar sus intereses económicos y políticos; sus medios daban forma a la opinión pública norteamericana de la época. A finales del siglo XIX, Hearst competía con Joseph Pulitzer, también dueño de medios de información, y su principal competidos, para ver quién acaparaba más audiencia. Hearst y Pulitzer definieron las prácticas periodísticas de esos años, un periodismo bajo, mezquino, sensacionalista y amarillista que empleaba la mentira y la tergiversación como herramienta para ganar audiencia. 

Los medios crean una versión propia de la realidad, y los espectadores la adoptan como propia. Esta realidad se vuelve objetiva, una verdad evidente y esto es un enorme problema para las sociedades que aspiran a ser democráticas y civilizadas. Este desmedido poder es utilizado por los estados modernos para cohesionar a las personas bajo una misma patria y una misma bandera, exacerbando los nacionalismos. Los medios de comunicación crean cosmovisión, porque concentran toda la atención y todas las miradas, entonces, los medios son el engranaje con el cual los Estados se mantienen, pues sin estos medios masivos no hay naciones modernas; los ciudadanos quedan enredados en la contemplación del espectáculo y los medios de comunicación, en su relación social, terminan limitando la libertad de las personas por medio de sus imágenes y grandes titulares. Ciudadano Kane es un llamado a no olvidar eso, y a tener mucho cuidado con la influencia oculta que recibimos sin ser conscientes de la manipulación de la verdad del llamado cuarto poder.

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